lunes, 4 de mayo de 2009

Manos, labios y mejillas


Tras contar mis incursiones en Zodiac por los baños de la universidad llega el turno de los saludos. El sistema de los saludos es parecido al español, aunque con alguna vuelta de tuerca más. Cuando se presenta a una persona, sea hombre o mujer, se debe dar la mano. Hasta ahí todo claro. Al principio, tuve algún que otro problema al intentar dar dos besos a alguna chica, no pasó nada grave, tras sufrir el que me hicieran la cobra un par de veces conseguí adaptarme al estilo euro-oriental.

Pero ahí no queda la cosa. Resulta que a las chicas sí que se le dan dos besos, pero sólo cuando te consideran un amigo cercano. Ahora entra en juego el saber quién es tu amiga y quien no "Le doy dos besos ... ¿O pensará que me tomo muchas libertades? O por el contrario... ¿Pensará que soy un sieso si le doy la mano?". Varias veces he metido la gamba, tanto por exceso como por defecto.

Para más inri, los besos se dan al revés que en España. "¿Pero tenemos un orden?" sí, yo tampoco me lo había planteado nunca. En Rumanía el primer beso se da hacia la derecha, oseasé en la mejilla izquierda de la otra persona. A la hora de dar dos besos siempre entro en riesgo de colisión, es por esto que he decidido tomar por norma quedarme quieto mientras me dan mi cariñoso par de besitos. Una pena que no se salude también con una pareja de opresiones labiales entre desconocidos, podría ser divertido en los bares...

domingo, 3 de mayo de 2009

¿Por qué a mí?

Aviso para navegantes. Si estás comiendo, acabas de hacerlo o tienes pensado hacerlo en la próxima hora, no leas lo que viene a continuación. No me hago responsable si el teclado de tu ordenador acaba rebozado en bilis.




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Enhorabuena y gracias por tu curiosidad masoquista.

A sabiendas de que lo he dicho en más de una ocasión, lo repito. Algunos días tengo hasta 10 horas seguidas de clase. En el primer cuatrimestre tuve como record 12 y media. ¿Qué ocurre cuando pasas tantas horas en la universidad? Pues entre otras muchas desgracias, tienes que utilizar los aseos de mi querida Politehnica. Se puede intentar aguantar, sí, pero bajo riesgo de estallido de vejiga o implosión.

Uno desearía poner sus posaderas en una taza tallada en ébano con una cisterna llena de Chanel nº5 en un baño de mármol virgen rematado con un grifo dorado mientras un lacayo le pasa hojas de papel higiénico de seda pura... pero dadas las circunstancias uno se apaña con cualquier cosa (también en inglés). Si el mayor o menor grado de asquerosidad entre el peor baño de Escocia y el peor baño de Politehnica se pudiese dirimir mediante un combate boxeo, el peor baño de Escocia ganaría a lo puntos, pero por poco.

Yo, experto me he hecho de estos paraísos de la insalubridad por mis tiempos mozos como Erasmus, ya que no cejé en mi empeño hasta encontrar un baño que cumpliese los requisitos mínimos que mi conciencia higiénica me imponía. El primer baño que encontré parecía una pista de patinaje derretida, ya que no llevaba ni zancos ni botas de agua no osé poner un pie dentro y comprobar si había peces. Era el baño de la planta más concurrida del edificio que alberga a más alumnos la universidad, así que tenía sentido.

El siguiente contacto que tuve con otro baño, que no pasó de lo visual, fue igual de placentero, la única diferencia con el anterior estribaba en que la mitad del alicatado yacía insepulto sobre el pavimento, a pesar de ello, los usuarios entraban sin dilación.

El tercer contacto, ya en mi facultad, me ofreció la linda imagen de las letrinas posmodernas rumanas, porcelana ergonómica para tus pies que te invitan a resistir la fuerza de la gravedad sobre tus tonificados cuádriceps. Subiría la foto de tamaña guarrada, pero tampoco me voy a regocijar en lo nauseabundo más de lo que lo estoy haciendo.

Yo, que recordaba con dicha los baños de la planta de investigación de mi escuela de origen, ejemplo de pulcritud, quasiesteriles, decidí acudir al lugar más exclusivo de la universidad esperando encontrar un baño a la altura (no en metros) de sus ocupantes. Así que allí me planté yo, en el rectorado. Busqué el baño más cercano al despacho de la rectora, lo que me quedaba de fe me decía que esa honorable señora y sus titiriteros no pondrían el culo en cualquier parte. Craso error. Un boquete en el techo de dimensiones frigoríficas se abría ante mí en toda su inmensidad, lo que faltaba en el techo se encontraba repartido entre los dos asolados retretes que allí pacientes, esperaban a que alguien los rescatase del olvido. Me encantaría entrar al despacho de la rectora, tal vez podría contemplar en alguna de las repisas una hermosa escupidera lacada terminada en plata.

El tiempo pasó, y tras mucho buscar encontré un lugar el que parecía que no me iban a contagiar la gonorrea, el dengue y el tifus. Se encuentra en la última planta de uno de los muchos edificios que me veo en la obligación académica de visitar. No tiene secador de manos, jabón, papel o tapa en los 6 blancos, a ratos, wc's que allí se encuentran. A veces no hay ni siquiera agua, pero bueno visto lo anterior... con que nada raro me muerda mientras me bajo los pantalones me parece correcto.

Una vez designado como mi cuarto de baño oficial, mis visitas al mismo se hicieron habituales. En una de mis impuras incursiones ocurrió lo siguiente. Al subir las escaleras que me conducían hasta la habitación de los horrores, vi a un grupo de estudiantes que, si no me equivoco, no los había visto en la vida. El grupo era heterogéneo en cuanto a sexos se refiere. El que nada los diferenciase de otros compañeros hacía que no presagiase nada malo. Una vez llegué a mi destino, hice lo que tenía que hacer y me dispuse a salir. Mientras me lavaba las manos oí unas risas a las que no les presté importancia. Quería salir de allí cuanto antes, que sea el mejor baño de Politehnica no quiere decir que quiera pasar allí más minutos de los necesarios. Me dirigí a abrir la puerta del baño... "Uy, que dura está" tiré más fuerte, agua. Durante unos minutos intenté forzar la puerta sin obtener resultado alguno. Yo ya hasta me reía de mi suerte "¿Por qué a mí?".

Sopesé la posibilidad de saltar por la ventana, pero una vez me cercioré de que 5 pisos de altura no son cualquier cosa deseché la idea. Podía intentar saltar desde la ventana a una terraza que había en frente pero la verdad, no tenía tanta prisa por morir. Tras volver a intentar abrir la puerta, llegando incluso a acabar colgado del pomo cual chimpancé africano, opté por la solución violenta. Tras un par de patadas a la puerta dilucidé que no iba a ceder "Se abre para tu lado gilipollas", me dije con grandes dosis de cariño. El móvil estaba sin batería, así que no iba a conseguir que viniese un helicóptero que me tirase un salvavidas por la ventana para sacarme de allí volando, cachis. Al no encontrar otra salida, escogí la opción de la vergüenza... "Help meeee!! Help meeeee!!" Gritaba entre risas de autocomplacencia mientras aporreaba la puerta con la poca dignidad que me quedaba.

Un par de bochornosos minutos pasaron hasta que alguien se dignó a abrirme la puerta. Al otro lado de la puerta estaba un joven rumano quitando el grueso palo de madera maciza que bloqueaba la puerta, la madre de todas las escobas. Con cara de estupefacción, me empezó a hablar en la lengua de estos entrañables europeos. Yo le di la mano y le dije "Thanks! you saved my life!" yo no podía parar de reírme mientras que él no salía de su asombro. Su mente no aceptaba que saliese de un wáter un español risueño hablando en inglés, parecía buscar con la mirada a los supuestos "colegas" que me habían hecho la broma. Necesitaba una explicación, que por supuesto jamás tuvo. Yo me fui de allí entre risas, intentado terminar con la escena lo más rápido posible.

Desde entonces no sólo compruebo si el cuarto de baño está limpio, ahora también miro si hay una escoba cerca.

miércoles, 29 de abril de 2009

El 2º edificio más grande del mundo



... Y el primero más hortera. El parlamento de Bucarest, cuenta entre sus dudosos honores el ser el segundo edificio más grande del mundo (el primero es el pentágono) y el ser el más pesado.

Es el símbolo de la ciudad y uno de los principales atractivos para el poco turismo (masoquista) que se deja ver por aquí. También se le conoce como la casa del pueblo debido a que el edifico fue construido 100% made in Romania, tanto los trabajadores como los materiales empleados procedían de este, mi país de acogida.

El edificio es la obra cumbre de la megalomanía del dictador Ceausescu. La mayoría del barrio histórico se derribó para construir la mole y el resto de edificios colindantes. Ceausescu nunca llegó a ver completo su sueño, la revolución y su muerte llegaron antes. Es por esto, que la mayoría de sus 1100 habitaciones (seguramente le faltaba espacio para guardar la bici), están sin amueblar. Su intención incial era convertirlo en el centro del poder político-administrativo del país. Doce plantas de brutalidad a las que se le suman las plantas auxiliares, ocho más, a lo que también se le puede añadir dos plantas de parking subterráneo. Una oda al mal gusto de 270x240x86 metros. Algunas de sus impresionantes escalinatas tuvieron que construirse más de tres veces, ya que no eran del gusto del pequeño mandamás. Primero no le gustó que fuesen de madera, la siguiente tanda no fue de su agrado ya que la barandilla era tan alta que casi no se le veía al bajar... así varias veces. En definitiva, economizando los fondos públicos.

Hoy en día funciona como sede del parlamento. Además, alberga a varios ministerios, centros de conferencias y museos. Aún así la mayor parte del edificio no tiene asignado ningún uso.

domingo, 26 de abril de 2009

Grecia segunda parte: Atenas

El mundo en crisis y yo viajando gracias a las ayudas europeas, seguro que esto me hará un trabajador el doble de productivo ¿Hasta que punto estaré en lo cierto?

Vayamos un poco más hacia el sur, hacia Atenas ¿Por qué no? Ya que estamos... no tengo a nadie que contradiga, hago lo que me da la real gana. Cinco horitas y me planto en "La ciudad bien construida" como la llamaba Homero. Yo y yo mismo llegamos al hostal sin dificultades. Antes siquiera de que me de tiempo a ser consciente del lugar en el que me encuentro ya estoy haciendo amistades. Mis predicciones no iban tan desencaminadas, un hippie venezolano. Se dedicaba a trabajar el cuero para transformarlo en pulseras, cadenetas, sandalias... etc y luego vender su género como vendedor ambulante en las zonas turísticas. A los cinco minutos iba caminando por una calle turística transportando una tabla llena de colgantes. Tras comernos un Souvlaki, versión griega del showarma (Chawarma, Schawarma, Shawirma, Shwarma, Shuarma, Shawerma, Shoarma, Schwarma, Shoermeh, Siaorma, Shaormala o como te de la gana llamarlo), me regala una de sus pulseras y lo dejo trabajando.

A 30 metros de ahí empieza una pelea entre topmantas y guiris con sandalias y calcetines blancos, una delicia para los sentidos. La cosa no paraba y le pregunté al primer guiri que pasó por mi lado que diantres pasaba. Empezamos a hablar y resulta que era argentino, nosotros hablando en inglés como imbéciles... la lengua de Shakespeare nos ha ganado la partida. Él era otro loco que viajaba solo, no obstante el opinaba que lo loco sería no viajar para ver aquello. Sabia respuesta me dio. Se terminó el viajar en soledad, ya tenía compañero de aventuras. Terminamos de aprovechar la tarde zambulléndonos en la riqueza histórica ateniense para más tarde retirarnos a nuestros respectivos hostales. En mi hostal organizaban una fiesta en la terraza, jamás pensé que me tomaría una birra con la Acrópolis de fondo, y luego nos fuimos a dar una vuelta por los pubs de la zona. Una cerveza, la correspondiente estaca en el pecho y a dormir.

Al día siguiente mi colega bonaerense y yo nos recorrimos prácticamente todo lo que había que ver en la urbe, acabamos noqueados. No me voy a poner a comentar los monumentos que para eso están las guías turísticas o la wikipedia. Por cierto, la omnipresencia de los perros parece ser que afecta a todos los Balcanes. En Atenas los perros son descomunales, como caballos. Pensé en subirme a uno con el traje de montero e irme de feria. Pululan a sus anchas ¡Incluso por la Acrópolis! Entran sin ningún control en las áreas cercadas. Véase al rey león en la foto.

No dio tiempo ni a descansar, tocaba salir con la gente de su hostal. Allí también organizaban fiesta en la terraza con vistas a la Acrópolis, jamás pensé que me tomaría cinco cervezas y un chupito con la Acrópolis de fondo. Creía que Grecia sería el primer país en el que no acabase en estado de embriaguez en algún momento... Otro país tendrá que ser.

Y se acabó lo que se daba, al día siguiente salía mi tren de vuelta con destino Tesalónica. Momento de despedidas, vuelvo a mi soledad. Una vez en la estación de trenes de Tesalónica me quedo mirando la revista de la chica que está a mi lado, era prensa rosa. Una cara de las fotos me resulta familiar... "Excuse me. Is this guy famous?" Pues sí que lo era, al parecer vine a Atenas desde Tesalónica sentado al lado de un actor/sex symbol griego. Pobrecito, lo tuvo que pasar mal al tener semejante competencia en frente, no debe de estar acostumbrado.

Y llegué a Tesalónica, restaban tres horas para subirme al ferrocarril con destino Bucarest. Cuando me disponía a subir al tren pregunté por el coche-cama, 39 € de suplemento. Madre, a la ida me costó 21. El revisor me comentó que si quería pagar menos tenía que compartir. Yo no me lo terminaba de creer, a la ida el tren iba vacío, no sabía por qué iba ahora a estar tan lleno. Me manda a una cabina donde hay dos hombres más. Para mí que me la está colando. Le pregunto por otro camarote. Ok, vayámonos al 21. Estoy solo, no pinta la cosa tan mala. Al minuto entran dos bípedos que huelen a requesón conservado en esencia de mofeta. Las pintas acompañaban al perfume ¿Tenía que pasar 17 horas con ellos? "Señor revisor, ¿Cuanto dijo que costaba ir solo?"

sábado, 25 de abril de 2009

Grecia primera parte: Tesalónica


Sí, estoy vivo. Entero, de una pieza. Empezó como un reto y terminó siendo una de las mejores experiencias que haya tenido desde que ando por estos Balcanes de marras.

El sábado 18 salí desde Bucarest rumbo Tesalónica. 17 horitas de tren me aguardaban, casi nada. Afortunadamente se podía pagar un suplemento de 110 Ron y viajar en cama. Ni me lo pensé. Durante el largo camino fui testigo de un pasatiempo infantil búlgaro. Al acercarse el tren a una estación y aminorar su marcha, los rapaces se dedicaban a enseñar a los ocupantes del ferrocarril su aparato reproductor o el tramo final de su sistema digestivo indistintamente.Tras llegar a Tesalónica a las 6 de la mañana me dirigí presto al hostal. Había viajado en cama pero no pude dormir apenas, malditos controles de frontera.

Llegué al hostal. No se puede entrar antes de las nueve, por lo que toca quedarse en la calle esperando tres horitas. Bueno, veremos la ciudad entonces. Pido un mapa, me dan una fotocopia cutre y a la caza de monumentos me lanzo. ¡Qué bueno ver el mar después de tanto tiempo! Allí estaba yo, en mitad de un boulevar desangelado. Sólo aparecía eventualmente algún que otro grupo de griegos en un lamentable estado cantando lo que supongo será su equivalente del "alcohol alcohol". De repente me crucé con un grupo de argentinos que había conocido en Sofía, el mundo es un pañuelo y Europa es un moco. Me pidieron el móvil, el correo ...etc juraron y perjuraron que al día siguiente me avisaban para salir, aún estoy esperando. Calle abajo me fui buscando el centro. Ya que la condición de pre-ingeniero es intrínseca a mi ser, no podía si no asustarme ante tanta delta, sigma, omega y demás letras griegas presentes por doquier.

Como buen guiri que se precie, una vez en el centro de la ciudad tocaba empezar a hacer fotos. Allí estaba yo retratando a mi tocayo más conocido cuando de repente un mamotreto con botas militares, bomber, cabeza rapada y no menos de 1.80 de estatura y 110 de peso se queda mirándome. Cambia el sentido de su paseo 180º, o en otras palabras, viene hacia mí. Toca alejarse de allí. No me pierde de vista, doy un par de giros incoherentes y allí continúa él, siguiéndome la pista. Pues habrá que probar a acelerar el paso. Él también lo hace. Uno, dos, tres... a cruzar la avenida a toda hostia y perderme por donde pueda. Unas vueltas alejado de la zona, un desayuno y ya son las 9. A planchar la oreja.

Hora del almuerzo, voy al primer restaurante griego que encuentro por los alrededores del hostal. Como el camarero no sabe inglés le pido lo que parece más diferente, a primera vista parecía un calabacín relleno, craso error. Lo elegí por bonito y acabé comiéndomelo intentando no mirar el plato. No recuerdo su nombre pero sí su sabor y sus ingredientes: Hígado, intestinos, grasa y más cosas que no quiero imaginar. Una vez superado el trámite gastronómico, me doy una vuelta por la ciudad y llego a la conclusión de que no he visto en mi vida una ciudad que se parezca tanto a Málaga como esta. Las similitudes son las siguientes: Un paseo marítimo enorme (Antonio Machado), que casi a su fin termina en una torre (el faro) y poco más allá está el puerto con sus grúas gigantes (me faltó comprobar si al otro lado estaba Huelin), la ciudad está cercada por montes (montes de Málaga) coronados por un castillo y un mirador (Gibralfaro). Si a esto se le añade el mar, el clima y las terrazas el parecido llega a asustar. Bueno, por hoy está bien, vámonos.

Segundo día. Tras una ronda de museos era el turno de subir a las murallas de la ciudad y ver el único barrio histórico que se mantiene en pie en la capital de la Macedonia central. Estaba yo en un pasillo estrecho, solo y tirándole fotos a una típica casita blanca con sus barrotes y puertas en celeste, cuando volvió a ocurrir... Un tipo con malas pintas, creo que no necesita mayor aclaración, se ofreció a hacerme una foto con la casa en cuestión. Me hago el sueco, o el español en este caso y emprendo mi marcha calle abajo. El indeseable en cuestión siguiéndome y gritándome, cada vez acercándose más. Por fortuna al cruzar la esquina había un bar y me acerqué a el y a los viandantes que lo circundaban. Tan pronto vio que aparentaba estar acompañado se dio media vuelta. Para el próximo viaje me llevo una pipa o un spray de pimienta. Hora de irse a la cama. Mi tren con dirección Atenas salía en pocas horas.

Dejo una foto de la torre blanca, símbolo de la ciudad. Antigua torre bizantina que sirvió durante un tiempo como cárcel. Uno de sus presos, tras ser indultado, blanqueó toda la torre como muestra de agradecimiento, de ahí su nombre. Algún día aprenderé a encuadrar...

viernes, 17 de abril de 2009

Balkan Flexipass


¿Tiene usted menos de 26 años? ¿Está pensando en viajar por Europa del este? Entonces el Balkan Flexipass es lo que está buscando. El Balkan Flexipass, Balkanpass para los amigos, es la versión oriental del interrail. Por 51 € puede hacer 5 viajes en un mes, tanto nacionales como internacionales, a través de las líneas de ferrocarril de Rumanía, Serbia, Bulgaria, Macedonia, Grecia y Turquía.

En mi Balkanpass ya hay dos muescas, ida y vuelta a Sofía. La semana que viene tenemos vacaciones, y claro; habrá que gastarlo antes de que caduque ¿no? A pesar de haberlo intentado con perseverancia asnal, no he conseguido encontrar compañeros de aventura para la ocasión ¡Qué se le va a hacer! En casa no me voy a quedar, así que me voy solo. Mañana salgo rumbo a tierras helenas. Tesalónica (Grecia) y 17 enfermizas horas de tren me aguardan pacientemente. Puede que luego vaya a Atenas ¿Quién sabe? Aún no lo he decidido, tengo que reunirme con mi amigo invisible para concretar los detalles. No sé si acabaré siendo víctima de mendigos, prostitutas, maleantes, Hare Krishnas... Con suerte, acabaré en una furgoneta hippie. Una vez ponga la pezuña en la Macedonia central, tal vez asome la cabeza por aquí durante y diga aquello de "Estoy vivo".

Esto me recuerda que algún día debería escribir sobre mis viajes: Cluj, Brasov, Targu-Mures, Budapest y Sofía. La lista es corta, lo sé. Todo se andará.

P.D: Sí, en la foto aparecen mis dos patitas camino de Bulgaria.